Los últimos días se afrontan con una extraña sensación, aquella sensación que se tiene cuando algo empieza a acabarse y uno se plantea si algo podría haberse hecho mejor.
Al levantarme, me impresionó la grandísima cantidad de pacientes que había esperando: ocupaban la "bafa" del patio y el centro pastoral. Nunca antes tuvimos tantos pacientes y, desgraciadamente, no pudimos verlos a todos. Como siempre, vimos muchos "pikines", como todos los días, aunque hoy casi ninguno se aterrorizó al ver una piel blanca que se acercaba. De hecho los pequeños fueron especialmente majos, desde la primera pareja de gemelos que volvíamos a ver hasta el último, un niñito de 7 años muy salao que hablaba genial inglés y que no paraba de darnos las gracias.
José Luis sigue renqueante con su malaria y tampoco hoy nos ha acompañado en la comida, por lo que hemos echado de menos sus anécdotas, sus quejas de las cosas que no marchan y sus alegrías por las que sí.
El día de hoy ha amanecido con un nuevo integrante, Rubén, otro voluntario recién llegado, informático, que quiere ayudar a abrir el aula de ordenadores, lo que colaborará en mejorar la enseñanza en esta zona.
Tras una ligera siesta, más trabajo y después un paseo de reconocimiento por Kamabai, para presentarle a Rubén las costumbres locales (véase, le señalábamos lo que sabíamos qué era). Después cenita y a ver una película mala en la tele, para variar.
Cada vez explotamos más la mesa de ping-pong y gracias a la nueva adquisición de nuevas bolas no-decepcionantes estamos alcanzando un elevado nivel profesional.
Hoy, poco más que contar, porque ha sido un día tranquilo y sin grandes novedades. Mañana más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario